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Ahora entiendo a Sócrates ...

Quizá los filósofos no sea tan parecidos a un tertuliano de radio ... Hoy he leído sobre Sócrates en "El mundo de Sofía" y, resulta que me gusta, que yo también me siento filósofo si eso es ser un filósofo.
El problema está en nosostros, en nosostros mismos. Sólo si comprendes que hay muchas cosas que no sabes ni entiendes puedes buscarlas y aprender. Sólo si sientes la la verdadera necesidad de conocer buscas y entiendes.
Así que aquí va una colección de reflexiones a las que encuentro mucho parecido:
  • "El mundo de Sofía".
  • "Lo más lejos a tu lado" de Fito y los Fitipaldis 
  • "Hypatia, la mujer que amó la ciencia" de Pedro Gálvez
  • "El lamento de un matemático" de Paul Lockhart 
El mundo de Sofía ...
[...] De modo que no enseñaba como cualquier maestro de escuela. No, no, él (Sócrates) conversaba.
Está claro que no se habría convertido en un famoso filósofo si sólo hubiera escuchado a los demás. Y tampoco le habrían condenado a muerte, claro está. Pero, sobre todo, al principio solía simplemente hacer preguntas, dando a entender que no sabía nada. En el transcurso de la conversación, solía conseguir que su interlocutor viera los fallos de su propio razonamiento.
[...]
Se dice que la madre de Sócrates era comadrona, y Sócrates comparaba su propia actividad con la del «arte de parir» de la comadrona. No es la comadrona la que pare al niño. Simplemente está presente para ayudar durante el parto. Así, Sócrates consideraba su misión ayudar a las per¬sonas a «parir» la debida comprensión. Porque el verdadero conocimiento tiene que salir del interior de cada uno.
[...]
Los sofistas cobraban por sus explicaciones más o menos sutiles, y esos sofistas han ido apareciendo y desapareciendo a través de toda la historia. Me refiero a todos esos maestros de escuela y sabelotodos que, o están muy contentos con lo poco que saben, o pre¬sumen de saber un montón de cosas de las que en realidad no tienen ni idea. Seguramente habrás conocido a algunos de esos sofistas en tu corta vida. Un verdadero filoosfo, Sofía, es algo muy distinto, más bien lo contrario. Un filósofo sabe que en realidad sabe muy poco, y, precisamente por eso, intenta una y otra vez conseguir verdaderos conocimientos.
Sócrates fue un ser asi, un ser raro. Se daba cuenta de que no sabía nada de la vida ni del mundo, o más que eso: le molestaba seriamente saber tan poco.
Un filósofo es, pues, una persona que reconoce que hay un montón de cosas que no entiende. Y eso le molesta. De esa manera es, al fin y al cabo, más sabio que todos aquellos que presumen de saber cosas de las que no saben nada. «La más sabía es la que sabe lo que no sabe», dije. y Sócrates dijo que sólo sabía una cosa: que no sabía nada.
[...]
La madre estaba atónita. Al final dijo:
- ¿Es algo que has aprendido en el instituto?
Sofía nego enérgicamente con la cabeza.
-Allí no aprendemos nada...
La gran diferencia entre un maestro de escuela y un auténtico filósofo es que el maestro cree que sabe un montón e intenta obligar a los alumnos a aprender. Un filósofo intenta averiguar las cosas junto con los alumnos.

Lo más lejos a tu lado
Ahora si, parece que ya empiezo a entender
Las cosas importantes aquí
Son las que están detrás de la piel
Y todo lo demás….
empieza donde acaban mis pies
después de mucho tiempo aprendí
que hay cosas que mejor no aprender.

El colegio poco me enseño…..si es por esos libros nunca aprendo a:

Coger el cielo con las manos
a Reír y a llorar lo que te canto
a Coser mi alma rota
a Perder el miedo a quedar como un idiota
y a empezar la casa por el tejado
a poder dormir cuando tú no estás a mi lado

menos mal que fui un poco granuja
todo lo que se me lo enseñó una bruja

Ruinas…. ¿no ves que por dentro estoy en ruinas?
Mi cigarro va quemando el tiempo,
tiempo que se convirtió en cenizas

Raro!! …. no digo diferente digo raro!!
ya no sé si el mundo está al revés
o soy yo el que está cabeza abajo

El colegio poco me enseñó….
si es por el maestro nunca aprendo a:
coger el cielo con las manos…..

Hypatia, la mujer que amó la ciencia
[...] Pero un buen día tuvo la idea de empezar a enseñarle matemáticas. En realidad la idea no había sido de él, sino de su maestro, de Pappo (Pappus), quien le había dicho que si quería que su hija supiese matemáticas, ya podía empezar a enseñárselas, pues jamás las entendería en la escuela entre tanto asno que se hacía pasar por maestro.

El lamento de un matemático
El problema cultural es un monstruo que se perpetúa a sí mismo: los estudiantes aprenden matemáticas de sus profesores, que a su vez las aprenden de otros profesores, de modo que esta falta de entendimiento y gusto por las matemáticas en nuestra cultura se replica indefinidamente. Peor aún, estas “pseudo-matemáticas”, este énfasis en la manipulación precisa pero vacua de símbolos, crea su propio conjunto de valores culturales. Aquellos que han conseguido dominarlas obtienen una buena dosis de autoestima de su éxito. Lo último que desearían oír es que las matemáticas son creatividad y sensibilidad estética. Más de un estudiante universitario ha sentido la frustración de descubrir, después de una década de creer que eran “buenos en matemáticas” por lo que les decían sus profesores, que no tiene de hecho talento matemático alguno y que en lo que destaca realmente es en seguir instrucciones. Las matemáticas no consisten en seguir instrucciones, sino en crear nuevas direcciones qué seguir.
Ni siquiera he mencionado hasta ahora la falta de crítica matemática en las escuelas. En ningún momento se revela a los estudiantes el secreto de que las matemáticas, como la literatura, es creada por personas para su propio entretenimiento; que el trabajo de los matemáticos está sujeto a una apreciación crítica; que uno puede desarrollar y tener gusto matemático. Un poco de matemáticas es como un poema, y como con un poema podemos preguntarnos si satisface nuestros criterios estéticos: ¿es este argumento convincente? ¿Tiene sentido? ¿Es simple y elegante? ¿Acerca o no al quid de la cuestión? Por supuesto que no se hace crítica alguna en las escuelas —¡no se hace arte alguno que pueda criticarse!